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22 enero 2010

Párrafo en el que se da cuenta del parecer de un barbero sobre nuestra Sierra


“ … ¿Qué montañas son esas? – pregunté a un barbero-sangrador, que montado en una burra del mismo pelo que la mía, emparejó conmigo a eso del mediodía, y me acompañó durante unas cuantas leguas – …”

“Se llaman de diverso modo, Caballero, - respondió el barbero – según los nombres de los lugares inmediatos. Aquellas de allá lejos, son la serranía de Plasencia, las que hay frente a Madrid son las montañas de Guadarrama, por un río de este nombre que en ellas nace. La cordillera es muy grande, Caballero, y separa los dos reinos; del lado de allá está Castilla La Vieja. Son magníficas estas montañas, y aunque nos mandan muchísimo frío, a mi me agrada contemplarlas, cosa que no es de extrañar, pues he nacido en ellas, aunque ahora, por mis pecados vivo en un pueblo del llano.
No hay en toda España cordillera como ésta, Caballero; tiene sus secretos, sus misterios…
Muchas cosas singulares se cuentan de esas montañas y de lo que ocultan en sus profundos escondrijos, porque ha de saber usted que la cordillera es muy ancha, y se puede andar por ella días y días sin llegar a término. Muchos se han perdido en ella y no ha vuelto a saberse nada de su paradero.
Entre otras rarezas, cuentan que en ciertos sitios hay profundas lagunas habitadas por monstruos, tales como serpientes corpulentas, más largas que un pino, y caballos de agua que a veces salen de ella y cometen mil estropicios.
Es cosa averiguada que allá lejos, hacia el Oeste, en el corazón de la montaña, hay un valle maravilloso, tan estrecho, que en él sólo se le ve la cara al sol en pleno mediodía. Este valle permaneció desconocido durante miles de años, nadie soñaba de su existencia. Pero, al cabo, hace muchos años, unos cazadores entraron en él casualmente, y ¿sabe usted lo que encontraron, Caballero? Encontraron una pequeña nación, o tribu de gente desconocida, que hablaba una lengua ignorada, y que acaso vivía allí desde la creación del mundo sin tratarse con las otras criaturas humanas y sin saber de la existencia de otros seres cerca de ellos.
Caballero, ¿no ha oído usted hablar nunca del Valle de Las Batuecas? Se han escrito muchos libros acerca de este valle y de sus habitantes. A mi me enorgullecen estas montañas, Caballero, y si yo fuera hombre independiente, sin mujer y sin hijos, compraría una burra como la de usted – excelente, por lo que veo, y mucho mejor que la mía - y me iría a recorrer esas montañas hasta descubrir todos sus misterios y haber visto las maravillas que contienen…”

GEORGE BORROW: La Biblia en España, o Viajes, Aventuras y Prisiones de un inglés en su intento de difundir las Escrituras por la Península Ibérica (1842)









27 mayo 2008

Annapurna

Escuché la noticia sobre Iñaki - lo recuerdo perfectamente - tumbado en el sofá de mi casa, sobre las 12 de la noche. Y como aficionado a la montaña recuerdo haberme solidarizado inmediatamente con él en cuanto terminé de escucharla.
Me vi a mi mismo desde fuera, y me di cuenta de lo injusto de la situación. El allá afuera, a 7.400 metros de altura , colgado en la ladera del Annapurna, a no sé cuantos grados bajo cero, y yo aquí cómodamente echado a 20º, en pijama y un vaso de Coca-Cola.
Ya sé que el riesgo lo buscó él, nadie le obligó, o quizás si: la "rata" que todos llevamos dentro, la que nos incita a salir de casa y buscar algo fuera. A algunos les hace cosquillas, o ni saben que llevan una dentro, pero a otros les devora.
Creo que estaría bastante de acuerdo en una cita que encontré una vez, del escalador Max Khirsch:
"Jamás en mi vida he trabajado de verdad. Sin embargo, he hecho mucho más que aquellos que presumen de trabajar ocho horas diarias y sienten un orgullo que a nadie preocupa. Sólo he hecho aquello que me ilusionaba en cada momento y me apetecía..."

Hablo, por supuesto, del alpinista navarro Iñaki Ochoa de Olza, que en aquel momento agonizaba en el campamento IV del Annapurna, a 7.400 metros, acompañado de su compañero rumano de expedición, que le cuidaba mientras llegaba el rescate, si se le puede llamar así a un par de escaladores suizos, que conocían de oídas.
Al final no pudo ser, allí descansa, pero nos deja los documentales de "Al filo" , y esta crónica, que una vez visto el desenlace, cobra aún más importancia.
Es curioso, pero el Annapurna, a pesar de ser el ocho mil de menor altura (8.091), y el primero conquistado, es el que tiene menor número de cimas conseguidas, y el mayor porcentaje de muertes respecto al de ascensiones.
Me acuerdo ahora de David Matesanz - también escalador - y hermano de mi amigo Rubén . Recuerdo haber vsito en su habitación libros sobre el Annapurna. Quizás estaba pensando en ir para allá. El destino le reservó algo parecido, pero en las aguas.

(Última crónica de Iñaki Ochoa de Olza desde el Annapurna el pasado jueves 15 de mayo )
MI LUCHA "Que no se asuste nadie; no me he vuelto loco del todo, ni estoy peleado con el mundo, ni tampoco me he asociado con lo más granado del nacionalsocialismo. Nada de eso parece haber sucedido, por fortuna. La lucha de la que hablo hoy, mi desesperado anhelo por pisar la cima del Annapurna, es pacífica y espero que noble, apasionada y también quizás algo rebelde, aunque jamás a cualquier precio. La lid a la que me refiero hace que llevemos casi 30 años preparándonos para cuatro días de escalada, muchos meses de entrenamientos específicos con la mente puesta sólo en una cosa, y también ya más de 70 días en Nepal La espera de las condiciones adecuadas está siendo tensa y larga, pero se supone que el objetivo, de primera categoría, así lo merece. Aunque no hagan mucho caso cuando lean por ahí que pensamos atacar la cima, ya que aquella no nos ha hecho nada, ni tampoco es nuestra intención conquistarla; a lo sumo podremos convivir en paz durante unos cortos minutos, y después continuar nuestro camino agradecidos. La lluvia golpea con intermitente suavidad la tienda del campo base mientras escribo, ahora en mayo ya sólo nieva durante la noche. Pienso en los días pasados en la montaña últimamente, en medio de la tensión propia de la escalada más difícil de mi vida y rodeados de dificultades en las relaciones personales. Grietas, avalanchas, tormentas, broncas con algún compañero... no se puede decir que nuestras vidas sean anodinas. Alguien definió con acierto al Annapurna como la personificación geológica de la angustia. Yo añadiría sin dudarlo el desamparo y la amarga sensación de ser el último habitante de este planeta. Cuando te plantas debajo, descubres que da igual que pises la cima o que no lo hagas, nada va a cambiar en ambos casos. Esa cima que centellea con rabia sólo mide con exactitud nuestra propia vanidad, nuestra impermanencia irremediable. A veces me gustaría ser libre de mis propios deseos, como un budista cualquiera, y ser feliz sólo contemplando la belleza de lo que me rodea, sin necesidad de escalarla. Pero esta una montaña fantástica, y yo un hombre débil, y el deseo ha crecido tanto que ya es difícilmente controlable sin amenazas. Esperamos ansiosos el OK por parte de los meteorólogos suizos que, vil metal mediante (son suizos pero no idiotas), nos ayudan con sus previsiones. Decían los guerreros japoneses, samurai, que la mayor victoria es vencer sin pelear. No sé si aquí podrá ser así. Por ejemplo, nuestros cuatro compañeros rusos, que han peleado como jabatos y vuelven sin la cima, ¿derrotados? Doce días han transcurrido desde su salida del campo base y su regreso, y cada uno de ellos parece una persona diferente, consumidos hasta el alma. Se van ya para casa, tristes, pero en sus ojos puedo adivinar un brillo que los míos todavía no tienen, pero espero que pronto posean. Será sólo después de la lucha. Hoy no puedo terminar sin mandar mis mejores deseos a Mikel Bidaurre y a su padre, mi amigo Aurelio, que se hallan ahora ante una montaña mucho más difícil que cualquier Annapurna. Sabéis que podéis contar con mi cariño, admiración y lo que sea que yo pueda hacer por vosotros. Los seminómadas tibetanos, cuando en su sempiterno caminar alcanzan una cima o cruzan algún alto collado, gritan al viento ¡Lho Gyelo! (Los Dioses han vencido). Vuestra lucha no ha hecho más que comenzar, pero estoy seguro de que vosotros también venceréis. Ánimo y coraje desde nuestro Santuario. ..." Iñaki Ochoa de Olza.

Esta crónica la he cogido prestada con permiso de rafacasuso, de su blog http://rafacasuso.wordpress.com/, - el lenguaje de las imágenes - por el que me suelo pasar a menudo, imágenes y comentarios en su mayoría dedicados a Cantabria, buena tierra.
Buen tío, por tanto.